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Si yo la teoría me la sé, pero ya luego en la práctica...

Foto del escritor: Francisco EscuderoFrancisco Escudero

Actualizado: 1 mar 2020

...Los horizontes deberían ser lo suficientemente asequibles a nuestros pasos, para que la teoría y la práctica se acompañen pacíficamente y a un ritmo lento, consolidado y paciente...


superarse a si mismo, autoconocimiento, psicólogo Sevilla

Cuando alguien recibe una sugerencia para efectuar un cambio es frecuente escuchar “si en la teoría es fácil, pero ya luego en la práctica…”. La frase no deja de ser cierta bajo cierto contexto. Plantear una situación ideal resulta algo utópico e inútil para una persona instalada en el hábito opuesto (nada tan improductivo como decirle a alguien un poco “depresivo” que “se anime”).


Sin embargo, el supuesto subyacente a esta frase, en ocasiones, refleja una creencia que impide que posibles cambios positivos sean efectuados. Si piensas que “la teoría” es imposible y que no se puede trasladar a “la práctica” quizás es porque adoleces de un excesivo optimismo: el optimismo de que esa práctica ideal puede lograrse de súbito, de un día para otro, en el momento en que acontezca una revelación que de repente te haga cambiar y te consagre a una identidad nueva, superior, más voluntariosa y más consciente.


Espera ese día…


…lo más seguro es que nunca llegue.


Mientras tanto, seguramente, estarás sumido en tus problemas desde una postura que te agríe el estado, desde donde contemples la agresiva distancia entre “el ideal (lo que nos gustaría)” y “lo real (lo que creemos que somos)”. Quizás, la realización de ese ideal lejano seguirá siendo parte del problema. Puede que una excusa para no responsabilizarte de las acciones que facilitan los cambios reales.

Con facilidad se plantea que “la teoría es fácil”. Como si la cuestión de conseguir ciertos logros dependiera estrictamente de la capacidad. Si la teoría que estás planteando es demasiado irrealizable quizás es porque esa “teoría” se dirige al escalón final y culminante de una serie progresiva de cambios. Es fácil desalentarse si solo te centras en el resultado final y no te prestas a ver y valorar los pasos intermedios. Es decir, no es que tu capacidad sea insuficiente, sino que el objetivo que te propones, quizás, sea demasiado alto... inútilmente alto.


Esa nueva manera de comportarse, pensar y sentir (declarado desde “la teoría”) no llega porque un día te transformes en alguien distinto, sino porque DECIDAS empezar a efectuar esos cambios paulatinos y progresivos, desde el compromiso base con las pequeñas acciones, con los pequeños escalones. Y eso puede tardar semanas o meses. Eso no quiere decir que esas semanas no puedan ser recompensantes. De hecho, un pequeño cambio puede alentar la esperanza. Claro que, si no valoras el proceso como algo progresivo estarás casi siempre condenado a la frustración y no desenvolverás la sensibilidad adecuada para gratificarte por los pequeños avances. El refuerzo de saber que estás haciendo algo en sí mismo puede ser suficiente para continuar.


Tiene sentido: si el logro que nos proponemos resulta inalcanzable o exige grandes cambios y mucho tiempo, lo más seguro es que no nos empeñemos de manera consistente en un proceso de cambio. Si en vez de ponernos objetivos alcanzables lo que hacemos es idealizar el resultado, posiblemente pensaremos que lo que nos falta es habilidad, capacidad de esfuerzo o fuerza de voluntad. Sin embargo, hay un atributo anterior y mucho más oportuno: la paciencia.


Pero es normal...


Es normal ser impaciente si los horizontes que nos proponemos son demasiado lejanos. Anhelaremos el logro con un optimismo iluso, que será derrocado y alternado con facilidad por la desesperanza y el pesimismo. Los horizontes deberían ser lo suficientemente asequibles a nuestros pasos como para que la teoría y la práctica se acompañen pacíficamente y a un ritmo lento, consolidado y paciente.


Si quieres cambiar algo en tu vida, lo que necesitas son pequeños objetivos (realizables y recompensantes). También necesitarías despejar ideas sobre la naturaleza del comportamiento humano. Por ejemplo, es habitual pensar que someterse a un cambio depende de la "fuerza de voluntad". En muchos casos, la categoría etérea de "tener o no fuera de voluntad" lleva a la formulación de juicios intransigentes con su consiguiente culpa, sensación de ser un inútil, etc. También hay personas, que sin ser muy conscientes, se entregan a la esperanza de que algún día aparezca "algún truco mágico o secreto" que un día nos despierten por la mañana con la sensación y garantía de habernos “convertido” en alguien nuevo. Mientras se está entregado a la fantasía ilusa o la ensoñación de que un día todo cambiará por sí mismo ya tenemos una excusa para no empezar, humildemente, a coger las riendas.


Los cambios reales suceden por el compromiso en las pequeñas acciones, por entender que la paciencia facilitará que nuestra emoción y cognición dirijan nuestra conducta en la dirección en la que hemos decidido: en un camino sano y respetuoso con nosotros mismos y coherente con nuestras necesidades. La responsabilidad no consiste en convertirse, sino en emprender el camino y comenzar a andar. La fuerza de voluntad debería de sustituirse por un aumento de la autoconsciencia de nuestras motivaciones, de nuestro proceso de cambio y, dicho sea, también de nuestras excusas.


Francisco Escudero


14 de Octubre de 2018


Psicólogo en Los Remedios, Sevilla: www.fescudero.com Contacta con nosotros

Tambien en Bormujos: www.centrobiem.es

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